Autor: Pauline Gedge

  • La casa de los sueños

    Corre el siglo XII a. C. cuando los sucesores del gran Ramsés II detentan el poder en la XX Dinastía del antiguo Egipto. En Aswat, pequeña población situada al norte de Tebas, la vida transcurre tranquila. Sus habitantes no poseen riquezas, pero disfrutan de paz y alimentos en abundancia.

    En este apacible rincón del reino se ha criado Thu, una niña despierta y ambiciosa, hija de un guerrero libu y de la comadrona del pueblo. Movida por el fuego de quienes presienten un destino de gloria, la joven Thu aprovecha la visita del misterioso e influyente Hui para introducirse en la corte de Ramsés.

    Gracias a su dominio del arte de la medicina y a sus indudables dotes de seducción, Thu se convierte en la concubina preferida del faraón. Sin embargo, a medida que su poder crece, la joven médico se ve envuelta en un mundo de intrigas y maniobras palaciegas para el que no estaba preparada.

  • La dama del Nilo

    Mil seiscientos años antes que Cleopatra, reinó en Egipto Hatshepsut, una mujer extraordinaria no sólo por su inteligencia y su belleza, sino por ser la primera mujer en la historia que gobernó con plenos derechos en un mundo dominado por hombres.

    Según la tradición, los faraones de Egipto sólo podían gobernar si se casaban con una mujer de sangre real que, mediante el matrimonio otorgaba al hombre la condición de soberano. Tan arraigada costumbre iba a romperse por primera vez hace treinta y cinco siglos, cuando el faraón reinante dictaminó que su hija Hatshepsut, de quince años, fuera consagrada primera emperatriz de la historia de Egipto.

    Hábil en la administración, audaz en la guerra y, sobre todo, entregada en cuerpo y alma a su tierra y a su pueblo, la dama del Nilo supo defenderse de los celos y la insidia de sus enemigos y mantener el poder del imperio en el apogeo de su gloria.

  • El papiro de Saqqara

    Para Khaemuast, cuarto hijo de Ramses II y virtual gobernante del vasto imperio faraónico, hombre sabio y austero, el control de la administración y la vida cortesana son sino arduas obligaciones a las que se ve arrastrado por causa de la incompetencia de su padre, más interesado en la pompa y el boato que en el difícil ejercicio del poder.

    Por el contrario, la verdadera pasión del príncipe es la historia, la magia y la medicina, y el motivo oculto de sus desvelos es hallar el mítico Pergamino de Thot, ‘la fuente de la vida’ para los antiguos egipcios.

    Cuando, en una lóbrega tumba en la llanura de Saqqara, su sueño se hace por fin realidad, Khaemuast sucumbe a su propia arrogancia y desatiende las más elementales normas de cautela.

    El castigo, inmediato y fulminante, adopta la forma de una seductora mujer, y el príncipe aprende que el precio de la inmortalidad es demasiado alto para un humano.

  • La ciénaga de los hipopótamos

    En pleno segundo milenio a. de C, tras centurias gloriosas de conquistas sin par, Egipto se halla sometido al yugo de los Hicsos -a quienes los egipcios denominaban setiu o hekaiesut, es decir ‘los caudillos extranjeros’-, un pueblo bárbaro llegado del norte para imponerse sobre la corrupta XII dinastía faraónica.

    Sin embargo, Apepa, el temido rey de los setiu, no puede disfrutar con plenitud de su poder porque al sur, en una pobre y lejana provincia a orillas del Río de la Vida, se encuentra Seqenenra Tao, Príncipe de Weset, descendiente del último faraón, encarnación de Horus e Hijo del Sol. Recluido en sus remotos dominios, Seqenenra es en apariencia un súbdito fiel, pero ante los ojos del monarca invasor es un desafío a su omnipotente autoridad soberana, ya que en un solo reino no hay lugar para dos encarnaciones de la divinidad.

    Así pues, cuando el rey setiu le somete a una serie de pruebas y humillaciones indignas del sucesor del gran Sesostris, conquistador del Nilo, Seqenenra decide acabar con las reales afrentas y poner fin al vasallaje de los suyos, a sabiendas de que el precio a pagar será desmesurado.

  • El camino de Horus

    Este último volumen se inicia con la coronación del nuevo Príncipe de Weset, Ahmose, como Rey del Alto y Bajo Egipto.

    El hermano de Kamose se propone acabar la tarea iniciada por éste e instaurar un reinado donde impere la tolerancia. Para ello hace jurar a los nobles fidelidad a él y a su esposa Aahmes-Nefertari la cual se encargará de capitanear a los guardias de palacio mientras su marido parte a reconquistar las tierras del Delta y asediar Het-uart.

    Su sueño es derrocar a Apepa, liberar el Delta y dominar el Camino de Horus, para que nunca más haya sangre en la arena ni en las paredes blancas de las ciudades a lo largo del Nilo. Sin embargo, en las largas horas de vigilia que impiden el sueño, Ahmose se siente solo, presa de la obsesiva necesidad de reinstaurar la gloria del Egipto ancestral, una nación maldita y bendita por los dioses.

    Así pues, en sus hombros ha recaído la nada desdeñable tarea de concluir la lucha que han librado tres generaciones de la estirpe Tao.